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viernes, 4 de diciembre de 2009

¿Tengo elección? (parte 1) y "Un día especial.."

Hoy paso de rápido porque tengo party en mi house. *¬*

Así que les pondré la primera parte de la historia con la concursé en mi escuela, espero les guste ^^
Un dato curioso esque la empezé con el objetivo de hacerle un regalo de cumple para una amiga, pero después no me convenció del todo :P


¿Tengo elección? (parte 1)

Sarah estaba sentada afuera de la tienda, observaba con un gesto de profunda tristeza la lluvia caer. Estaba calada hasta los huesos pero no le importaba, el incesante correr de sus lágrimas se confundían con el agua que le goteaba de su largo cabello castaño. Miraba al cielo, admirando el centelleo de los rayos, pensando cuanto disfrutaría estar allí arriba, alto, alto, muy alto. Con la electricidad de los relámpagos llenando su cuerpo de energía. Ensordecida por el estruendo de los truenos. Estaría maravillada con la vista, el hermoso paisaje urbano, un increíble espectáculo de luces. Apostaba que desde ahí cualquier problema se vería empequeñecido por la magnificencia de la naturaleza a sus espaldas y la enorme dimensión en la que vivían los humanos. Desde aquella altura, ella solo sería un pequeño punto diminuto, entre la masa de gente que vivía, pensaba, sentía, sufría, respiraba. Solo una pequeña conciencia más en el mundo urbano.

Suspiro volviendo a la realidad, tal vez sería solo una persona más, pero no por eso sus problemas la atormentaban menos. Y aunque sabía que no era la única sufriendo por un amor no correspondido, eso no significaba que doliera menos. Era momento de volver adentro, intentaría dormir de nuevo aunque dudaba conseguirlo. Estaba a punto de levantarse cuando un resplandor blanco llamo su atención. Pensó que seguramente era solo algún truco óptico del reflejo de algún rayo. Pero aun así escruto la oscuridad recelosa. Entonces lo vio. Era un gato blanco, pero no era nada parecido a un gato común. Resplandecía levemente, y tenía la consistencia de un fantasma, traslúcido. A pesar de que la oscuridad y la lluvia le dificultaban verlo con claridad, podía distinguir perfectamente sus ojos. Uno verde esmeralda y el otro de un intenso azul cielo, ambos brillando intensamente. Su mirada parecía perdida en el infinito, pero al mismo tiempo fija en ella. Pasaron tres de esos minutos que parecen horas, en los que ninguno de los dos se movió, hasta que el gato se alejo con un andar ágil y despreocupado. E inexplicablemente Sarah lo siguió, siguiendo algún impulso, salido de quien sabe dónde, que le ordenaba hacerlo. Corrió tras él, era imposible seguirlo. Pero su extraña luminiscencia ayudaba a no perderle la pista. La lluvia amainó mientras andaba a paso firme, cruzando calles y esquivando despistados peatones con sombrillas en mano. Las nubes se disiparon y la media luna salió por fin a adornar el cielo nocturno, acompañada de sus hijas las estrellas, que contemplaban como espectadoras la ajetreada vida nocturna de la cuidad. Había unas que parpadeaban y se escondían ante la intensidad de la luz de los carros, casas, edificios, pero las más antiguas prevalecían indemnes ante la luz eléctrica. Ajena a todo esto Sarah sentía como se alejaba cada vez más de zonas conocidas, pero no se detuvo.

Al fin llegaron a unos amplios almacenes o eso parecían, dos grandes puertas negras y unas cuantas ventanas rotas era todo lo que se podía apreciar de aquel lugar. El gato se detuvo, complacido, había traído a su amo lo que él deseaba y vaya que sería premiado. Atravesó con facilidad la entrada y desapareció en el interior. Sarah se congeló ante la puerta, sintió como grandes oleadas de peligro emanaban de aquel lugar. Su cuerpo se estremeció de terror, pero no se alejó. Alguien la llamaba desde dentro, y el mensaje era apremiante, no intentó resistirse, con sus débiles fuerzas no lograría nada. Las puertas se abrieron sin sonido alguno, era imposible ver algo dentro, estaba negro como boca de lobo. Avanzó a paso lento y vacilante, hasta que la oscuridad la engulló por completo. Las puertas se cerraron tras ella, pero no se sorprendió, lo esperaba. Caminó a tientas, intentando seguir una trayectoria lo mas recta posible. No lograba ver ni sus propias manos, y de pronto sintió la claustrofóbica sensación de flotar, no lograba localizar donde estaban sus piernas, y sus manos se habían perdido. Estaba perdida en una espantosa nada, con la conciencia suspendida y su cuerpo insensible, le asalto de improviso el miedo y comenzó a luchar desesperadamente por liberarse del opresivo peso de la oscuridad. Y tan repentinamente como llegó, se fue. Volvió en si con un sobresaltó, su corazón palpitaba ruidosamente y su mente se aclaró por un momento. ¿A dónde rayos se había metido? Con un gran alivio distinguió la luz de una puerta, la luz del sol. Qué extraño, pensó y apresuro el pasó para llegar a ella, cualquier cosa era mejor que la horrible nada.

Lo que vio allí la dejó sin respiración y todo tema relacionado con amores no correspondidos pensado antes quedo permanentemente olvidado. Se pellizco fuertemente, ¿cuándo había empezado a soñar? Lo que había ahí no era nada parecido a un almacén. En primer lugar, estaba al aire libre. En segundo lugar, había sol, era de día. Y en tercer lugar, lo que se extendía ante ella no podría caber ni en el estadio más grande del mundo. Parpadeó repetidas veces, pero lo que se prolongaba por lo que seguramente eran kilómetros no desapareció. Estaba en un infinito desierto de arena, con enormes dunas y su respectivo calor aplastante. Y sobre él había nada menos que estatuas. Si estatuas, millones de ellas. Todas de oro, que refulgían al sol como si tuvieran diminutos diamantes incrustados. No podía creerlo, a pesar de que podía sentir como el sol quemaba su piel, como su garganta se quejaba del aire seco, como el suave viento acariciaba sus mejillas. Asombrada admiró todo el panorama. Podía ver estatuas de animales; caballos al galope, feroces y espléndidos leones rugiendo, pequeños ratones cazados por audaces gatos, aves en el suelo, como si hubieran estado en pleno vuelo antes de caer, había incluso insectos, que podían ser confundidos por la arena, pero allí estaban. También podía ver personas; niños, abogados, doctores, madres, abuelas, todas congeladas con la misma expresión de desasosiego. Y algo aún más sorprendente, criaturas míticas; dragones, unicornios, pegasos, hadas, dríadas, gigantes, lobos enormes, y todos los personajes de los que había leído hasta muy noche muchas veces. Era un inmenso collage de vidas mezcladas. Todo esto le recordaba a los guerreros de terracota. Inmóviles, inmortalizados para siempre en su eternidad.

Súbitamente el suave viento que antes considero confortable, empezó a golpearle fuertemente y sin descanso, hiriendo su piel con largas cortadas poco profundas causadas por granos de arena. Se tambaleó e incapaz de mantenerse en pie, cayó al piso. El furioso silbido del viento anunció uno de muchos fenómenos inevitables. Una tormenta de arena.

............................
Y ahora.. ¿les digo un secreto que dejara de ser secreto?...

¡Es mi cumpleaños!
(happy birthday to me!)

Y les tengo un propuesta, tengo curiosidad por saber cuantos años creen que tengo^^ ¿10? ¿20? ¿30? Espero que no 40, no estoy tan vieja aun, (sin ofender a los que tengan mas de 40 :P)

Comeenten^^ aunque no hayan leido la historia, de verdad quiero saber cuantos años creen que tengo.

domingo, 1 de noviembre de 2009

¡¡Historia de Halloween!!


¡Happy Halloween atrasado!

Quiero compartir con ustedes una historia, que ganó el I Concurso de Relatos de El Templo del Ocaso.

Aquí la tienen, espero que les guste.

Corría por el bosque, presa del terror. No podía ver casi nada, sin la luz de la luna ni el suave resplandor de las estrellas no había nada que iluminara el bosque, que sumido en la oscuridad casi total presenciaba como aquella joven humana huía aterrada.
A duras penas podía ver las ramas de los árboles que continuamente le arañaban su piel y las raíces que le apresaban los pies, haciéndola caer una y otra vez. Sentía como una sombra la perseguía, como en una pesadilla, sabía que iba por ella, que le haría daño y que no había forma alguna de escapar. El bosque le parecía inmenso, no importaba cuantos árboles pasara, siempre había otro esperándola.
Las continuas lágrimas no dejaban de fluir, pero no les prestaba atención, lo que tenía que hacer era correr.
Cayó de nuevo y en su desesperación se arrastro rasgándose las ropas, dejando un surco de sangre a su paso, pero se levantó y siguió corriendo. De pronto se estrelló contra algo, algo duro y metálico que la aturdió por completo, el sonido del impacto resonó haciendo eco y siguió vibrando mientras caía definitivamente al suelo, esta vez no se levantaría. Era la cerca de malla que marcaba el final del bosque. Si, el final. No era uno muy grande a pesar de lo infinito que le había parecido.
Sin fuerzas para levantarse se quedó allí, inmóvil, hincada y doblada sobre sí misma, cubriéndose con las manos su magullado rostro.
Entonces ocurrió lo que esperaba, alguien la levantó y la tomó en brazos, todo su cuerpo gimió en respuesta, tenía heridas por todas partes. Sintió como empezaban a moverse a velocidad de vértigo, no sabía a dónde ni por qué camino, pues seguía con el rostro cubierto, tenía miedo de verlo, ver su rostro y sus ojos, ver la mueca de satisfacción que tendría, pues la había atrapado. No gritó, no le daría esa satisfacción, pero no pudo evitar seguir sollozando, después de todo el la mataría, tal y como lo había hecho con toda su familia, o tenía la esperanza de ello. Ahogó otro sollozo, no podía imaginar que era lo que haría con ella si no la mataba. Terribles e indeseables imágenes se colaron en su mente y ella deseó gritar.
El ritmo de su paso fue disminuyendo y empezó a temblar. Fue vagamente consciente de como entraban a algún lugar, la temperatura del aire cambió y se hizo más cálida. La puerta se cerró tras ellos con un golpe sordo.
Él la colocó suavemente en el piso y la miró preocupado, no había quitado las manos de la cara, por lo que temía que se hubiera hecho daño, siempre ocurrían accidentes por esas fechas, los jóvenes no tenía mucho cuidado cuando de Halloween se trataba. Tenía el cabello café oscuro y así encogida, se veía pequeña e indefensa. Lentamente y con temor ella retiro sus manos, quería poder defenderse cuando todo ocurriera. Por un momento la fuerte luz de la habitación le impidió enfocar la vista, pero cuando lo logró se quedo sin respiración. Sólo pudo mirarlo fijamente, examinándolo a detalle. Era imposible.
_ ¿Por qué me ves así?_ preguntó suavemente, no quería asustarla más. Esos grandes ojos verdes estaban abiertos como platos y el miedo en ellos era palpable.
Kira no podía contestar, estaba pasmada. Lo observó cautelosa nuevamente, comparándolo con los rasgos tan familiares de… se estremeció.
Si, no cabía duda, era igual a él. La misma altura, la misma complexión, las mismas facciones, la misma nariz recta y los pómulos altos, el mismo cabello negro y despeinado. Pero...
_ ¿Azrael?_ susurró con la voz quebrada, el nombre le quemó la boca. Él era el causante de todo su dolor, de tanta destrucción y muerte en el pueblo. Él, que siempre estaba rodeado de oscuridad, que no quería hacer otra cosa más que causarle daño, mucho daño. El que amo alguna vez.
Ese rostro que conocía tan bien mostraba una expresión de absoluto desconcierto y sorpresa.
Pero no, ese rostro no era el que tanto temía, había algo diferente, muy diferente.
_ ¿Conoces a mi hermano?
La voz que antes le producía autentico terror ahora le mando suaves escalofríos a su corazón agitado. Reprimió el impulso histérico de reír ¿Qué si lo conocía?
_ Solía salir con él_ se limitó a decir. Si él conocía a su hermano sabría todo lo que eso implicaba.
Miró nerviosamente a su alrededor, estaban en una cabaña, una de madera, todo el interior estaba decorado en tonos claros.
_ Yo soy Lucian y te prometo haré todo lo posible por protegerte de él.
Ella le miró sorprendida. Si, él era diferente. Era la forma de moverse, la expresión suave y cálida de preocupación que había tenido recién abrió los ojos, la paz que irradiaba y sobre todo, la luz en sus ojos. Ojos blancos o plateados no lo sabía, pero tenían una luminosidad irreal, que se extendía por todo el contorno de su cuerpo dándole un aspecto de ángel.
Repentinamente todas las ventanas reventaron, los vidrios salieron disparados en todas direcciones, afilados y mortales. El sonido fue ensordecedor. Lucian actuó rápidamente y cubrió a Kira con su cuerpo para protegerla de los cristales, movió la mano hacia las ventanas y luz fluyó de ella; una luz intensa y pura que cegó a Kira por completo. Era como si de pronto se encontraran en una habitación blanca.
Pasaron unos segundos de completo silencio. Poco a poco los objetos de la habitación fueron apareciendo de nuevo, estaban a salvo, en medio de un campo de cristales que pudieron haberles quitado la vida. Kira tomó instintivamente la mano de Lucian, no podía negarlo, tenía mucho miedo, violentos temblores sacudían su cuerpo, esto era demasiado. Un silencio aplastante persistía en toda la cabaña, como la calma después de la tempestad y los temblores de Kira fueron remitiendo. Lucian se levantó jalándola consigo lenta y cautelosamente, pero todo estaba en orden, el peligro había pasado.
_Estuvo muy cerc…_ antes de que pudiera terminar la palabra un estruendo la hizo gritar. Las paredes de madera curtida empezaron a resquebrajarse, un líquido negro empezó a manar de las paredes. Sangre, sangre podrida de todas las personas que Azrael había matado.
Toda la cabaña se estremeció, daba la impresión de que se derrumbaría en cualquier momento. Ella cerró los ojos con fuerza mientras Lucian la conducía hacia el sótano. Dejaron atrás el sonido de la madera crujiendo y el techo a punto de destrozarse. Kira estaba sorprendida, el sótano no parecía nada sótano, estaba muy iluminado, pero no era luz eléctrica lo que lo alumbraba, la misma luz que rodeaba a Lucian habitaba allí, era un refugio impenetrable para Azrael.
No se dio cuenta que estaba llorando hasta que Lucian limpió sus lagrimas delicadamente, se sentó en una esquina y la acurrucó en su regazo, era tan pequeña y había sufrido tanto. La rodeo con sus brazos y dejó que se desahogara, sin presionarla, sin dejar de acariciarle la espalda. Ella sollozó en su pecho largamente, disfrutando del placer de sacar todo de dentro y del cálido consuelo que le daban esos brazos que la rodeaban, hace tanto que alguien no la abrazaba. Después de un rato se calmó y se sumergió en sus ojos.
_Cuéntame_ le dijo, y ella le contó.
Le contó como en el pueblo comenzaron a morir personas, al principio pocas, las anunciaban dando por escusa que ningún pueblo era seguro. Pero el número comenzó a aumentar y a alarmar a todos sus habitantes.
Ella estaba en la escuela cuando lo conoció. Un atractivo chico nuevo, amable y con un aire de peligro siempre rodeándolo; pero por alguna razón, nadie sospechó de él.
Tantas palabras de amor pronunciadas por sus labios, tantos encuentros furtivos y nunca sospechó. Hasta que su mejor amiga murió, ella que siempre le advertía sobre él. Recordaba muy bien cuando le dijo a Azrael que su mejor amiga había muerto, él se puso a reír, a reír a carcajadas. Entonces muchas acciones antes olvidadas volvieron a su mente. Actitudes que daban autentico miedo pero nunca antes la habían alarmado, ¿por qué? ¿Por qué fue tan ciega? Ya, porque el amor es ciego, ¿cómo es que pudo haberle amado?
Fue una tonta.
De su amiga siguió su hermana, y de su hermana sus padres. Estaba destrozada, destrozada sola y aterrada, nadie le creía, quería morir. Pero fue fuerte, amaba muchísimo la vida a pesar de todo lo que le había pasado, decidió escapar.
Halloween parecía el día perfecto, seguro que él estaría acosando a las chicas en disfraces, listo para matarlas en cuanto estuvieran solas. Pero no funcionó.
En cuanto terminó se echó a llorar de nuevo, pero esta vez de alivio, ahora estaba a salvo, y lo tenía a él.
Lucian sólo la abrazaba, le besaba el cabello y le susurraba al oído palabras reconfortantes.
Pero era demasiado bueno para ser verdad.
La puerta empezó a ser golpeada, fuertemente, produciendo el escalofriante sonido del palpitar de un corazón. Pum, Pum, Pum. Al principio rápido, muy rápido, como un corazón desbocado. Inexorablemente el corazón de Kira se acompasó a los golpes. Lucian se levantó de un salto y Kira cayó al piso revolviéndose agitada.
Los golpes iban disminuyendo y por lo tanto los latidos de su corazón también, ella se aterró y grito, el sonido la estaba volviendo loca. Lucian se acuclilló a su lado y la abrazó con fuerza, temía por ella. Pronto los golpes se detendrían y ella moriría.
_ Quédate aquí_ le ordenó al oído_ concéntrate en los latidos de tu propio corazón, olvida los golpes de la puerta.
Ella sólo asintió y lo tomó de la mano, él le sonrió y derramó una lágrima luminosa que cayó en su rostro, mezclándose con el torrente de angustia de ella, apaciguándolo, y se fue. Kira cerró los ojos e hizo lo que él dijo, se concentró intensamente en su propio corazón, que cada vez latía más lento, ignorando lo demás. Normalizó su respiración y contó hasta 100, funcionó. Cuando abrió los ojos el sonido de la puerta se había apagado, pero su corazón latía nervioso en su pecho, preocupado por Lucian. Se recargó en la clara pared y se dispuso a esperar.
El tiempo era una agonía, cada segundo que pasaba le parecía horas. Cerró los ojos pero no durmió, permaneció atenta a cualquier sonido, pero el ininterrumpido silencio no se rompió.
Pasaron los minutos, y los minutos se convirtieron en horas. Ya no pudo más, abrió los ojos y se le congeló el corazón, la luminosidad de la habitación se había apagado, un resplandor muy tenue era todo lo que quedaba. Se levantó sin pensarlo dos veces tambaleante y trastabilló lo más rápido que pudo hasta la puerta. La abrió de un tirón y salió al pasillo.
Estaba amaneciendo, la rojiza luz del sol se colaba de la ventana rota del fondo del pasillo, y lo que esta mostraba en él le rompió en miles de fragmentos su pobre y sangrante corazón.
Azrael estaba de pie, cuchillo negro en mano chorreando de sangre que tenía un leve resplandor, sus negros ojos brillaban satisfechos y mostraban una mueca burlona. A sus pies estaba un cuerpo destrozado, Lucian, muerto. Tenía una herida profunda en el pecho, le había atravesado el corazón sin miramiento alguno.
Kira casi no supo lo que pasó después. Corrió con sus últimas fuerzas, como nunca antes y gritó. ¿Qué grito es más fuerte que el que se da cuando el que amas muere? No, no hay, deseaba quedarse sin voz, deseaba que el grito atravesara cielo, mar y tierra, que llegara hasta los confines del mundo, que sacara tanto dolor que se había formado dentro de ella, cierto, lo conoció en menos de un día y fue la persona que la consoló y la comprendió, no tenía a nadie más, Lucian era el último. Se desplomó a los pies sin ser capaz de nada más que arrastrarse hasta quedar recostada en su pecho. Derramó la última lágrima que le quedaba y levantó la cabeza hacia Azrael.
_ ¿Por qué?_ no fue más que un susurro estrangulado, pero sabía que él oiría.
_ Porque eres sólo mía._ el dolor no se fue con el grito, pero le dio fuerzas, y esa frase de Azrael fue el detonador definitivo. La chispa que encendió la bomba más destructiva de todas. La venganza.
_Nunca seré tuya_ le escupió las palabras con el mayor odio que pudo.
_Nunca fue tu elección_ el sonrió y ella le miró bien. Sus ojos negros estaban vacíos, el no tenía nada dentro. Esas sonrisas nunca expresaron nada, que tarde se daba cuenta de ello.
_ ¿Qué vas a hacer conmigo?_
su mente trabajaba rápidamente, necesitaba encontrar algún arma, ella no era fuerte, pero lo intentaría. Entonces sintió algo duro en su mano, Lucian tenía una daga fuertemente agarrada, era plateada y tenía dos serpientes doradas en el mango.
Aun esperaba respuesta, mientras acercaba lentamente su mano al arma, él sólo la miraba. Sin proferir sonido alguno alargó la mano imperiosamente hacia ella. Kira no desaprovechó la oportunidad, el dolor alimentaba su fuerza, se aferró con decisión la daga y tomó su mano. La uso como impulso y de un salto sorteó el cuerpo de Lucian. Todo ocurrió muy rápido, en un santiamén estaba frente a él y no tuvo que hacer más que tomar mucha fuerza y con todo su odio que se merecía le encajo la daga, directo al corazón.
Su rostro mostró sorpresa, pero sus ojos nada. Un líquido oscuro comenzó a salir a borbotones de su pecho, era sangre negra como la tinta. El cuerpo de Azrael se derrumbó a lado de su hermano y para Kira eso fue todo.
Cayó como roca en medio de ellos, de rodillas y apoyó ambas manos en el suelo buscando apoyo en algún lado. Sentía que caía, caía en un pozo profundo y no había manera de salvarse. Se llevó las manos a la cara y la manchó de sangre. Tenía una mano cubierta del líquido negro y la otra de un rojo apenas perceptible, porque comenzó a brillar con intensidad.
Abrió la boca y un grito salió de ella, no fue un grito de dolor, fue un grito sobrecogedor, espeluznante, inhumano…
Pasaron meses antes de que alguien fuera a aquella cabaña, las autoridades no dieron mucha información. Sólo dijeron que había encontrado a una joven previamente desaparecida, en estado de máxima locura. La encontraron gritando y nadie se atrevía a entrar por ella, al final tuvieron que hacerlo. Tenía un ojo negro y otro blanco o plateado, no lo sabían. Pero las dos personas que la vieron a los ojos terminaron en el manicomio. No lograron apresarla para encerrarla también allí. La ataron con cuerdas a un carro, y cuando fueron a buscarla, ya no estaba.
En Halloween dicen que se escucha un grito, un grito inhumano en una cabaña y declararon maldito aquel lugar.

ATENCION!! Esta historia fue redactada por mi, la idea principal fue de una amiga, Michelle, entre ella y yo agregamos mas detalles, pero la idea fue de ella.

martes, 6 de octubre de 2009

¡Dos cosas, premio e historia!

Bok!
(hola en croata, idioma hablado en Croacia [Europa Central])

Hoy estoy muuy feliz ^^ ¿Será porque hoy no hizo mucho calor, aqui en el desierto de Sonora? Ni yo lo se, tal vez sea que ganamos partido en fut ;D
Bien, hoy les traigo dos cosas importantes para mi.
Cosa #1 ¿Adivinen? Me gané algo, eaea! y esto también me hace muy feliz.... Nop, no fue la loteria. ¡Gané en el blog de Andy, Jardín de libros, ser la comentarista del mes!

¡Muchisiimas Graciias Andy!

Cosa #2 Bien en esta no acababa de decidirme, pero al final me dije, que es lo peor que me puede pasar. Asi que aquí lo tienen, mi primer capítulo de una cuento, que espero se alargue. Y aunque a mi me gusta como quedó, creo que esta muy mm no se dramático...
Como se que es algo largo primero les dejare un pequeño resumen sobre este capítulo, ya que aunque tengo planeado el resto, no lo tengo tan claro como me gustaría. Tomense un tiempo para leerlo, se que de verdad esta largo, pero aunque sea poco a poco ... Lo pondré con letras más grandes para facilitar la lectura ^^

Las puertas del pasado están a su alcance, y aunque sabe que lo que hará va contra las reglas, no puede más. Lo que le paso fue demasiado. ¿Qué le ocurrió para que decida volver al pasado a pesar de la inminente repercusión?
Sus recuerdos la asaltan. Comenzando desde el principio.
Esta destrozada, su hermano menor a muerto por su culpa y sus padres la odian por ello. Con la mente cegada por el dolor, Jane busca una salida desesperada, morir.

¡¡Dejen comentarios!!

Say my name

Caminaba por el pasillo, pasando puertas y puertas, las puertas del pasado. Aunque estaba oscuro aquí abajo podía ver perfectamente las puertas, era como si tuvieran luz propia. Me detuve frente a una conocida, de roble grueso, y en relieve símbolos en espiral.
Después de convencerme a mi misma que nada malo pasaría iba a cruzar, entraría al portal. Él siempre me había dicho que lo que estaba a punto de hacer estaba contra las reglas. Me lo había advertido una y otra vez, no tenía idea de que repercusiones tendría, porque nunca me dijo la razón por la cual estaba prohibido, pero sabía que eran graves. Y aunque no quería romper la promesa que le había hecho, no lo podía soportar más. Nada podría ser peor que esto, así que me arriesgaría, ya no tenía nada que perder después de todo lo que había pasado.
Lo que me había pasado, oh no. Todos mis recuerdos pugnaron por salir, no, no, no. Por favor mente masoquista no lo recuerdes, me rogué febrilmente a mí misma. Me empeñé de verdad, tratando de controlarme con los vestigios de alguna fuerza que una vez poseí. Caí al piso y me hice un ovillo cerrando los ojos con fuerza. Irrefrenables, las lágrimas bañaron mi rostro, siguiendo los surcos que ya habían formado. Tras un último esfuerzo me rendí, que débil me había vuelto. Incapaz de contenerlos, los recuerdos del pasado me atacaron sin compasión. Como un enjambre enfurecido de abejas. Precipitándose uno detrás de otro, trayendo consigo pensamientos, imágenes, sentimientos, deseos y secretos, algunos que deberían quedarse en el pasado y en cambio, otros que me producían una infinita y terrible nostalgia.
Sin darme siquiera un respiro, mi mente empezó desde el principio y supe que continuaría sin pausa hasta terminar.

Estaba parada en la orilla del puente. Había tomado mi decisión. No podía soportarlo más, yo era culpable. Yo había matado a mi hermano.
Mi pequeño hermano que me adoraba y me seguía a todas partes. Le había fallado, mi error le había costado la vida. No debí de haberlo dejado solo, maldita fiesta, no debí de haber ido. Mi responsabilidad era cuidar de él. Mi hermanito con rostro de ángel, con sus adorables rizos y su sonrisa inocente. Muerto. Grité, deseando que mi garganta se desgarrara, buscando que aquel grito expresará todo mi dolor, intentando desesperadamente sacar todo mi sufrimiento que me mataba lentamente por dentro.

Mis padres me odiaban, los oía por las noches gritándose, algunas veces despertaba y encontraba a mi mamá con marcas de golpes en el rostro. Yo sabía que ella me culpaba internamente, aunque en voz alta me defendiera, lo veía cada vez que me miraba y tenía razón. Me dejaron a cargo esa terrible noche y yo no hice caso. Pensé ingenuamente que nada pasaría, que serían tan solo unas horas. Mi hermano me había visto irme y me quiso seguir. Se asomó por la ventana y me vio alejarme, desaparecí por la esquina despreocupada. Entonces ocurrió lo impensable, cayó del cuarto piso, aterrizando en medio de la transitada calle. Yo no lo vi caer, volviendo de la fiesta me había encontrado con ambulancias y patrullas rodeando mi departamento. No me atreví a ver el cuerpo, me dijeron que quedo destrozado. Hoy en la mañana fue el funeral. Y eso fue la gota que derramó el vaso, el agua fría me cayó a mí y me quemó como el ácido. Recordaba las miradas de esta mañana, todas eran de un odio intenso, cada una de ellas las sentí como golpes en el rostro. Y no los culpaba. Mi corazón rogaba que dejara de pensar en ello, ¡olvídalo! Pero merecía esta tortura. Sentía como si alguien estuviera estrujando mi corazón con la mano desnuda, fuertemente y sin piedad. Gemí, aunque lo mereciera ya no lo aguantaba más. Y esta era mi vía de escape, mi mente estaba nublada y mi deseo de que acabara era tan grande que no pensé en otra ruta.

Un estruendo me devolvió a la realidad, la lluvia caía con vehemencia, incansablemente. Calándome hasta los huesos. Los truenos retumbaban en mis oídos, casi ensordeciendo mis propios pensamientos, pero el estruendo del tráfico lejano aun era audible. Ráfagas de viento me golpeaban con ímpetu, amenazando con hacer jirones mi ropa. Mi cuerpo temblaba sin control. Parecía un triste títere sin vida, a la merced de la fuerza de los elementos. Mis ojos, dos pozos profundos había llorado hasta secarse. El dolor y la culpa me habían vencido. Si tan solo hubiera tenido un poco de sentido común, si hubiera sido responsable, si hubiera vivido en el primer piso. Si tan solo hubiera tenido a alguien que me hubiera consolado, comprendido. Alguien me hubiera escuchado. Pero el hubiera no existe y ahora era demasiado tarde. La vida era demasiado cruel para vivir en ella, me había esforzado mucho por encontrarle un sentido, pero el dolor me cegaba. El color había desaparecido para mí y ahora todo era de un gris aplastante.

Observé apremiante el correr del agua bajo mis pies, similar al galope de miles de caballos desbocados, y no me acobarde a pesar de que siempre me había aterrado el agua profunda. Di un paso más, llegando al borde del puente, las puntas de mis pies flotando. Nadie me extrañaría, nadie me echaría en falta, nadie lamentaría mi muerte. Sólo me quedaba una lágrima, y con este pensamiento descendió por mi mejilla confundiéndose con la lluvia. Pero esta será la última lágrima que derrame, pensé. Ya no habrá mañana, ya no habrá de nuevo. Este es el final, ya no podre dar vuelta atrás. Un solo paso más y la agonía terminaría.
Entonces tomé impulso y…
_ ¡JANE!_ el eco de mi nombre resonó junto con los truenos. Pero yo ya caía. Había dado el salto final. Por fin mi dolor interior cesaría.

Caí violentamente al río. Sentí el impacto de mi cuerpo con el agua helada y me quedé sin respiración. El agua gélida aguijoneaba dolorosamente mi piel pero no me importó. Respiré y el agua se metió en mis pulmones, astillándolos agudamente. La dulce oscuridad me llamaba, abrazándome seductoramente. Ya no habría dolor, ya no habría desesperanza, no habría nostalgia, no habría culpa, no habría nada. Poco a poco deje de sentir. Mis brazos y mis piernas desaparecieron y floté en la oscuridad. Me entregué gustosa a la muerte, que con su gélido agarre me despojaba una a una las ropas del pasado. De las angustias sentidas, las penas sufridas, los recuerdos vividos, el aire respirado, los colores vistos. Todo se iba. Sentí vagamente un tirón, alguien jalaba de mí. Arrastrándome a la superficie. Y entonces el dolor físico que había desaparecido volvió, sintiéndolo de nuevo. ¡NO! Quería volver a la inconsciencia, no quería sentir nada. Pero mis deseos no importaron, el frío incremento lentamente, trayendo mi conciencia a la cruda realidad consigo. Intenté aferrarme con todas mis fuerzas a la muerte, no quería volver, pero un suave contacto en mis labios me desarmó por completo y me sacó a flote. Dejé de forcejear y dejé que la vida me despertará. Pero esta no fue suave conmigo.

Vomité dolorosamente el agua que había tragado y jadeé en busca de aire, volví a vomitar. De poco en poco fui consciente de cómo cada célula de mi cuerpo vibraba. Había estado tan cerca de morir, no supe si ese pensamiento era de decepción o de espanto. Abrí mis ojos y parpadeé repetidamente buscando aclarar mi visión hasta lograrlo.
La lluvia había amainado, pero las nubes aún envolvían el cielo nocturno y los truenos no habían cesado. Estaba muy oscuro, la única luz existente era el centelleante fulgor de los rayos. Alguien me tenía sujeta por la espalda y me frotaba vigorosamente los brazos. Sentí como mi cuerpo entraba en calor poco a poco gracias al continuo frotar de sus manos. Con la luminosidad momentánea entre rayo y rayo distinguí el rostro de mi salvador. Jamás había visto ese rostro en mi vida, pero sin embargo supe que jamás lo olvidaría. La piel se veía pálida bajo la inestable luz, tenía los pómulos marcados y la barbilla ancha. Estaba empapado al igual que yo y mechones de su pelo mojado se le pegaban a la cara. Me miraba y el alivio de sus ojos verde jade era palpable. Verdes, ¿no deberían de ser grises como todo lo demás?

_ ¡Oh, Jane!_ tenía una profunda voz de tenor que mandó escalofríos por todo mi cuerpo.
Un millar de preguntas se arremolinaron en mi mente, a pesar de aun estar un poco atontada. ¿Me conocía? ¿Cómo me había encontrado? ¿Por qué se arriesgo en salvarme? El acaudalado río era muy peligroso pudo haber muerto en el intento. Me estremecí ante el horror que me producía esa idea. El seguía observándome y a pesar de todo lo que acababa de pasar no pude hacer sino ruborizarme ante la fuerza de su mirada. Quería preguntarle quién era, pero no sentía la garganta lo suficiente capaz para proferir algún sonido. Ladeé la cabeza como acostumbraba siempre que hacia alguna pregunta y sorprendentemente el me entendió.

_Soy Lucas_ creí ver en sus ojos un atisbo de una incalculable desolación, y me entró el impulso de consolarlo. Pareció notarlo pues después sonrió y mi corazón se elevó al cielo, palpitando con fuerza, contento de no haberse detenido. Entonces las nubes comenzaron a disiparse y el plateado resplandor de la luna iluminó el entorno. Observé a mí alrededor, estábamos a la orilla del río, cuyas aguas se habían calmado un poco y un parque desierto se extendía a la derecha. Noté maravillada que el color de mi vida había vuelto, todo era brillante a pesar de ser de noche. El verde oscuro de los árboles jamás se me había antojado tan hermoso y el simple color de mi ropa me pareció la gloria. Intente incorporarme sin éxito, entonces Luc me levantó en vilo. Me quedé sin respiración, me estrechó con fuerza a su pecho y enterró su cara en mí. Respiró profundamente, para tranquilizarse y tuve la intuición que quería convencerse que de verdad estaba viva. Se veía realmente aliviado, no entendía porque. El sabía mi nombre, pero yo no lo conocía ¿o sí?

Empezó a caminar rumbo al parque. Me pregunté a donde me llevaría, no quería volver a mi casa, no creía poder soportar más miradas de odio y resentimiento de parte de ellos. Me acomodé al ritmo de sus pasos y aclaré mi garganta, probando si la voz había vuelto.
_ ¿A dónde me llevas?_ me dolió hablar, pero necesitaba realizar esa pregunta.
El me miró y arqueó una ceja.
_ A mi casa, por supuesto. No pienso dejarte sola _ su tono daba por sentado que debía de haberlo adivinado_ Claro, hasta que entres en calor y te sientas mejor.
Esto último lo dijo inseguro, como si prefiriera que me quedara con el aunque ya me sintiera mejor. Increíblemente me regocije de su respuesta. No deseaba que se alejara de mí nunca.

El título es provicional, y aaii no se, lo leo yo y se escucha raro. Si no les gusta me dicen, y continuo con otros que tengo, pero sobre todo díganme el porque no lo les gustó.

Los dejo con la febril esperanza que les haya gustado.

martes, 25 de agosto de 2009

Otra historia.. "Isiria"

¡¡Hola de nuevo!! esta historia la escribí hace rato ya.
No es muy feliz que digamos.. y ejemm.. bueno nada feliz, pero creo que hize un buen trabajo dejandolo claro en la historia...

Aquí la tienen:

¿Dónde está?, debo saberlo_ susurro, agonizando
_N...no sé de qué me hablas _ respondió Estela tímidamente, volteando hacia otro lado para que él no pudiera ver la mentira en sus ojos.
_ ¡Dime la verdad!_ en lugar del grito que esperaba, solo pudo lograr un quejido, pero fue suficiente. Lagrimas silenciosas corrieron por el rostro de Estela, no podía decirle la verdad por más que ella quisiera. Levantó la mirada hacia Erik, tenía su hermoso rostro contraído en un rictus de dolor, pero sus ojos esperaban una respuesta. Estela se quedo callada, guardando la verdad en el silencio, lanzando una muda suplica a Erik para que la comprendiera. Pasaron varios minutos de silencio, rotos únicamente por la entrecortada respiración de Erik, aunque a Estela le parecieron horas. Se acercaban, podía sentirlos, pero no podía hacer nada, y así temblando de impotencia intentó tomar una decisión. No pensaba abandonar a Erik, pero no podía quedarse ahí, en medio de Isiria, esperando a que llegara su muerte. Pero antes de poder decidir, los gritos empezaron. Un dolor agonizante recorrió cada rincón del cuerpo de ambos, y con un último gemido, Erik murió. Estela se desplomo a su lado lanzando un grito desgarrador, deseando haber muerto también.
Quedo allí tendida, incapaz de mover un músculo, temblando de pies a cabeza, escuchando los gritos de terror incesantes, que taladraban sus oídos. Supo en ese momento que había algo peor que la muerte, cuando el corazón se hace añicos. Un dolor agudo e insoportable, le nublaba la mente y la vista, su mente se sumergía en la oscuridad, buscando alejarse de ese dolor.
En medio de la confusión y la agonía de su mente, hizo un último esfuerzo, y descubrió la única decisión acertada que podía tomar…

Sobrevivir.

Su negro vestido la resguardaba de la vista de los Ziez, pero no podía permanecer ahí mucho tiempo sin ser vista. Sus lágrimas, mezcladas con la sangre de Erik le impedían ver con claridad. Intentó respirar con regularidad, pero fracasó. Intentó levantarse pero sus piernas no la sostuvieron mucho tiempo, entonces se arrastró hacia el único refugio visible. Un edificio, con gruesas paredes color naranja, rodeado con una cerca de metal enrollado. Estela lo examino con ojo crítico, además de ser la única alternativa, se veía seguro. No lo suficiente para sentirse tranquila, pero bastaba para mantener la esperanza de sobrevivir. Se obligo a si misma a introducirse en el interior, arrastrando consigo el cadáver de Erik. El interior no era mucho más alentador que el exterior, estaba oscuro como boca de lobo. Se adentro a tientas hasta que la oscuridad la cubrió por completo. Ahora solo podía esperar. ¿Pero que debía esperar? ¿Su fin? La destrucción de toda Isiria era irreversible, simplemente era demasiado tarde para poder hacer algo. ¿Esperaba ella poder sobrevivir a la destrucción? ¿Y después qué? No podía regresar a Neron, su antiguo refugio ya no podría protegerla ahora. ¿Habrían sido derrotadas ya las tropas que protegían la ciudad de cristal? Esperaba que no. Eso solo podía provocar más muertes, y eso significaría que ya no había esperanzas.

Una ola de caos invadió Isiria, los Ziez había llegado, ríos de sangre corrían por las calles, el aire se impregnó de miedo, dolor y muerte, gritos desesperados salían de los hogares y los niños chillaban aterrorizados. El fuego llameaba ya en algunas casas, devorándolas con sus lenguas ardientes. Alguien había cometido un crimen, pero, ¿Por qué tenían que pagar por ello todos?, solo había una respuesta,
Sonia había muerto.
Un Ziez examinaba con expresión aburrida el caos reinante con sus ojos inyectados de sangre. Un chiquillo paso por su lado para lanzarse hacia los brazos de su ya muerta madre, el ave sonrió con anticipación, agito sus negras plumas preparándose y en menos de un segundo ya había dado la vuelta y de un solo zarpazo le había arrancado la cabeza. La sangre del pequeño brotó inmediatamente y se deleito con su sabor.
El cielo se tiño de rojo conforme los gritos fueron cesando hasta apagarse por completo, entonces invadió un silencio sepulcral.

Un caballero de la corte cabalgaba hacia la cuidad de cristal, debía informar que Isiria había sido destruida. Un escalofrío recorrió su cuerpo, había estado en lo que antes había sido Isiria y decidió que la palabra destruida no era la adecuada, devastada, tampoco. Isiria había desaparecido. Dejando solo escombros y cadáveres como prueba de que, alguna vez, había sido la gran capital.
Llego a las puertas principales, estaban escondidas detrás de la cascada de Igüen. Y lo que vio allí, lo destrozo. Un grito de agonía se escucho por todo el bosque. El caballero había caído de rodillas frente a la cascada. Jeilam estaba llorando, algo que los caballeros de la corte tenían prohibido. Sacudido por fuertes temblores levanto la vista y volvió a gritar con mas fuerza. Tratando de sacar todo el dolor de su interior con su grito. Las lagrimas caian, por su cara dejando un surco de sufrimiento. Intentaban borrar lo que sus ojos habían visto. Pero la imagen había quedado grabada a fuego en su retina. Y jamás lo olvidaría.
Ante sus ojos estaba la cascada, la entrada hacia la cuidad. Pero o no, NO. Las aguas habitualmente cristalinas, estaban teñidas de rojo. La sangre de cada refugiado en la cuidad de cristal; cada bebé, cada niño, cada rey, cada caballero, cada criatura viviente que habitaba allí. Estaba ahora desbordándose, por entre las rocas de la cima.
El caballero solo podía pensar, que no era real, tan solo era una pesadilla.
No se atrevió a levantarse, no se podía mover. Temía enfrentar la verdad, la cuidad de cristal, había desaparecido, dejando atrás un espectáculo peor, al que había dejado Isiria.



De acuerdo, esto si que es muy pero muy trágico, definitivamente deprimente. Prometería que algún día tendrá un final feliz, pero la verdad no lo se...
Solo es un pequeño fragmento de historia, así que puede ser que esta sea la parte trágica, lo demás puede ser todo de rosa..
Prometo que la siguiente historia que traiga será mucho más feliz =D!!!
Les ruego dejen sus comentarios de esta historia también, no importa si son malos, buenos, horribles...
Creo que en esto estaran de acuerdo todos los que escriben. No nos gusta para nada que digan cosas bonitas si en realidad no es lo que piensan. Claro pueden decir cosas malas de manera bonita, con que sea lo que en realidad piensan sobre ella.

Así que adelanta hagan pedazos mi historia...(claro que no me molestaría que lo hicieran de manera bonita xD)

lunes, 17 de agosto de 2009

Una historia

El viento aullaba furiosamente. Doblegando a su voluntad árboles, arrastrando consigo basura, ramas, polvo y todo lo que estuviera a su alcance. Furiosos los rayos surcaban los cielos, salvajes, indomables. Quemando y destruyendo aquello que tocaban.

Los truenos retumbaban por toda la ciudad, haciendo temblar los ventanales de cristal de los altos edificios. El agua caía incansablemente, sin tregua alguna. Dejando a su paso caudales de agua por las calles. Todos los habitantes se refugiaban en sus casas ante la ferocidad de la tormenta.

Una mujer observaba impasible la tormenta, desde la cima de la montaña. Su salvaje cabellera al viento, sus ojos violeta fijos en Cira, la luna protectora. Su fino vestido, ya empapado, luchaba contra el viento que amenazaba con hacerlo jirones. Todo su cuerpo se estremecía, su piel helada y mojada por la lluvia estaba tan pálida como la de un muerto, parecía como si en cualquier momento fuera a colapsar. Pero siguió en pie. Con los ojos fijos en la invisible luna, cubierta con enormes y amenazantes nubarrones negros, que se movían con el viento violentamente, como si una lucha encarnizada de rayos tuviera lugar en ella.

La mujer murmuraba un hechizo. Uno poderoso, uno que acabaría con todo, con las esperanzas y maldiciones, con el amor y el odio, con las alegrías y angustias, con los milagros y las grandes decepciones. Cerró los ojos, su cuerpo se estremeció ante la oleada de energía que convocó a través de los rayos.

Alzó las manos al cielo, con cada fibra de su ser echando chispas, concentró y absorbió toda la energía de la tormenta. Usando sus últimas fuerza dió un último suspiro de determinación, y murió. Lanzando así la condena de ese mundo.

Las estrellas brillaron más que nunca de la sorpresa y Cira, la luna, recibió el impacto. Luchó contra la maldición con toda su fuerza, con todo su poder. Pero perdiendo la batalla, se entregó. Las estrellas observaron todo atónitas, incrédulas, y con su luz brillando y parpadeando más que nunca intentaron advertir al elegido que el peligro estaba por comenzar. Pero abajo en la cuidad, todos dormían, resguardados dentro de sus casas. Ignorantes del peligro inminente.

Con un grito agudo, Claire despertó. Bañada de sudor frío, con los oídos aturdidos por la potencia de los truenos de la tormenta soñada. Con los ojos irritados por la luz de las estrellas que nunca vió. Con los huesos doloridos y agarrotados por el frío de la lluvia inexistente.

Cuando afuera una tranquila y bochornosa noche de verano seguía su curso.

Bueno..

No tiene ningun sentido lo se, no es ni un principio ni un final...
Lo escribí un día que había muchiisiimo viento =D

Aun así me encantaría saber que les pareció, bien, mal, horrible, equiis- para flores, para besos, para tomatazos xD... Porfavor les ruego sean sinceros conmigo, si no nunca aprendere.
Agradezco mucho comentarios x)

En caso de que les haya gustado me alegro muchiisimo!!

Nos vemos!! ♥










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